Mi color ya no existe en este mundo.
Mis brazos se alzan tendidos al infinito, me muestran el pasado cargado de cadenas.
Veo los rostros de algunos de mis antepasados riendo sobre la sangre derramada cuando ponen las cadenas
y, frente a ellos, los otros rostros de mis antepasados oprimidos por ellas.
¿Dónde me quedo, en este mi ahora? ¿Mi presente?
El presente de los humanos, cada uno de ellos cargado de historia.
Mezclados entre tiranos y esclavos, entre reyes y siervos, cargados de nuestro origen africano,
llegando a los confines de nuestro planeta.
¿Y ahora? ¿De qué me sirve decir: soy negro, soy blanco, soy mestizo y quedarme en los golpes recibidos?
¿Y ahora, quién soy?
Soy un humano que, sin excusas, no acepto utilizar mi pasado como reivindicación de mi presente.
No responderé con odio al odio.
Mi existencia es tan valiosa como la de cada ser en el universo.
Y estaré aquí para entregar al mundo el amor que me ha construido.
Y limpiaré esa falsa importancia del color, con la lágrima del amor incondicional.
