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EL TEXTO

La palabra es nuestro íntimo sentimiento del mundo, que en el mito, en la metáfora nos da su magia. Nos la entrega en la huella primigenia de su forma: El susurro.
Nos deja captar ese dulce murmullo que en los trazos encanta, se apodera de la experiencia y da sentido.

El hombre -vital organismo- se sumerge en su experiencia íntima de la vida que fluye y se detiene; en la palabra crea el lecho mágico en el que la forma nos envuelve, en su lecho podemos leer la naturaleza, podemos interpretarla y darle una forma nueva en la que ella se puede expresar. La magia que existe por la palabra, su mentira creadora, nos descubre el secreto del universo, las transformaciones que sufrimos al dar vida -en la palabra- se expresa en nuestra comprensión del mundo y nuestro desarrollo natural no es otra cosa que: El Eco del Universo.

En la palabra los objetos del mundo vibran en el titilar luminoso de su manifestación, nuestra fuerza es lo que expresamos, nuestro dominio es lo que desarrollamos y manifestamos en ella, con ella nos apropiamos del universo.

El leer produce un desarrollo en la sensación, es un ejercicio que realiza el cuerpo al recibir estímulos y construir significado en el juego de las formas, produciendo así nuevas experiencias en las que el hombre se regocija: “El cuerpo creador se creo el espíritu como emanación de su voluntad” (Nietzsche, Así Hablaba Zaratustra).
Esa manifestación de la voluntad creadora es el lenguaje, aquí no tiene mas fin que su despliegue, en la vida humana.

 

La palabra no es la esencia de “la cosa”, la cosa no tiene palabras, la palabra expresa la forma en que el hombre se comunica con “la cosa” y ésta comunica con él. La palabra depende de la forma en que se relacionan. El hombre recibe lo que de las cosas se irradia sin voz y en la magia de su naturaleza traduce, de este lenguaje mudo del objeto, a su lengua lo que las cosas le comunican, es pues una relación en el lenguaje que transforma el mundo: hacia la forma, el gusto, el hombre. Esta “transposición” del mundo al hombre crea una vida superior, una vida que no se queda en la experiencia ruidosa sino que nos traslada a una relación lingüística en la que se ponen en movimiento imágenes, metáforas y formas que la naturaleza no conoce ni crea. En esa realidad -lingüística- que el hombre construye; el universo se representa de manera sublime, alcanzando en este conocimiento su plenitud. En el nombre se expresa la totalidad concentrada de la lengua en cuanto intensifica y extiende el poder, al ser enteramente comunicante.

 

Esta construcción que el hombre realiza, de relaciones lingüísticas en las que vive, se inicia con la producción de los materiales mismos que utilizará para su constitución. El es un mago que construye el conocimiento con la sutilisima “filigrana de la metáfora”, ella se deja llevar por el movimiento y resiste la fuerza que trata de desprender los hilos, la apariencia es exaltada en el lenguaje, este es la expresión mas fina de la mentira, es producto de la apariencia y de la magia, presenta el movimiento del universo. Cuando decimos que es verdadero tenemos la pretensión de frenar el movimiento que nos determina, este engaño en el que uno cree y que siempre utilizamos es la mentira desgastada por el uso y que por olvido se cree verdadera.

 

La formación de un orden nuevo con sus leyes, que se contrapone a otro, al de las primeras impresiones, como algo mas firme, mas conocido, se vuelve prescindible y solo es posible en el trabajo sobre las primeras metáforas, haciendo que se expandan, disuelvan en la nombre, en la igualación de lo desigual, en el concepto que olvida las diferencias individuales y generaliza, sintetiza las determinaciones y une lo diverso.

Este movimiento que encierra el “edificio conceptual”, se descubre en el trabajo de lectura, que exalta la apariencia, en el que reconocemos el poder creador del hombre, en el que vemos la voluntad creadora en su despliegue, ese momento en que crear y contemplar son uno, es evidente que nunca han sido diferentes.

 

Toda relación interhumana tiende a que cada uno pueda leer en el alma del otro; la lengua común es la expresión sonora de un alma común. Cuanto más intima y sensible sea esta relación, tanto mayor será la riqueza de la lengua, ya que esta se desarrolla o languidece con el alma colectiva.” ( Nietzsche, Extractos De “Leer Y Escribir”)

 

Al leer se invade la letra que se encuentra dormitando en el tejido creado por el placer, ejercicio en el que se gesticulan las formas mudandolas de la quietud al movimiento, acariciando las figuras que al ser rozadas con nuestros ojos, dejan escuchar en nuestro oído su música luminosa despertándonos en el otro, descubriendo y descubriéndonos en la letra, al construir el texto. Ardemos en las impresiones del universo lingüístico entregándonos al placer de representar en el través de nuestra lectura un nuevo estado espiritual, el estado de un otro que se hace en nosotros.

 

El tejido creado por el artista responde a su deseo, en el se presenta la fuerza concentrada y elaborada del sentimiento que es necesario expresar para lograr en la forma el despliegue y perfección del placer producido por la espiritualización de la sensación; “el placer de todas las percepciones sensoriales consiste en que las mismas han tenido lugar con razonamientos”. ( Nietzsche, Introducción Teorética Sobre La Verdad Y La Mentira En El Sentido Extramoral) No es un tejido creado para un destinatario, no tiene como fin el de dar a un publico lo que pide, el único fin que tiene al ser creado es el de satisfacer en su producción al creador, expresar su poderío. Pensar en un destinatario daña completamente el texto artístico, en cuanto esto implica que en la producción del tejido se tengan en cuenta los gustos, las necesidades de una masa aun no constituida en individuos, ahogando al artista, su lengua que es la representación de lo más fino y elaborado de su trabajo.

 

El artista en el texto entrega las impresiones que ha producido, en el esfuerzo de comprensión de su realidad, si tuviera en cuenta un destinatario perdería su poder, ya que en el texto despliega su voluntad. Si alguien externo a él le determinará, dónde quedaría su poder? Sería simplemente doblegado por una fuerza mayor a la suya y su producto perdería la facultad transformadora, porque expresaría la debilidad y el degeneramiento del “artista” y de la sociedad que exige esa clase de productos.

 

El arte es el resultado del trabajo de un individuo, del artista. Sólo él tiene el poder de crear la unidad del tejido, la cual es posible en la unidad del estilo, de gusto; el estilo lo posee el individuo que se ha construido en el estudio sobre lo mas fino de la producción humana. Utiliza luego como materia bruta la realidad que el traduce a su lengua; él presenta su lectura - toda lectura es necesariamente conocimiento y desarrollo de la forma - “un pintor que no tenga manos y que se proponga expresar mediante el canto la imagen que tiene delante revelara en este cambio de esferas mucho mas que lo que el mundo empírico descubre de la esencias de las cosas”. (ibid.)
El hombre se apodera del universo en el lenguaje, expresándolo en su creación, de acuerdo a su naturaleza.

 

El texto es elaborado porque ese alto sentimiento de poder exige la expresión y determina la forma en que ella se muestra. El conocimiento de los sentimientos que entre si son extraños, permite coordinarlos de modo que aparezcan en unidad, en armonía, en la forma que representa la vitalidad de los trazos. El artista al culminar el tejido deja de ser determinante en la vida del objeto artístico; él en el texto entrega toda su energía: crea el trazo. En él queda toda su intensidad espiritual, la parte mas luminosa de su existencia: instante de su objetivación!.

Esta fuerza expresiva lleva en si el germen, que al encontrarse en relación con el lector florece, es la posibilidad de educar la sensibilidad en el trabajo de lectura que re-crea el texto en la constitución de las formas “extranjeras”.

 

El tejido -por su parte- adquiere movimiento, en los momentos en que comunica su energía y se relaciona, en la correspondencia que establece a partir de las impresiones que ella proporciona al lector, permitiéndole educarse en la bella apariencia. La fuerza de sentimiento que la forma representa, ese estado de embriaguez en el ritmo, en el trazo; las sensaciones que proporciona el contacto con el texto son las que sugiere el placer de sentirse invadido por la apariencia, haciendo que busquemos la manera de continuar en la relación que nos proporciona ese estado voluptuoso, en el que no luchamos contra nuestro desarrollo. El objeto artístico crea un lector capaz de ejercer sobre si la vigilancia propia de la critica, lo constituye; la correspondencia que se establece entre ambos es la que permite la recreación del texto; el arte no solo crea un lector sino que al crearlo está también creando un artista. Esta fuerza que la forma es, determina el modo como debe ser asumida; ella se presenta ante un sujeto tosco, y el impulso que proporciona la finura en el toque, permite su crecimiento, al sugerir en el sujeto estados nuevos, en los que él se mimetiza en la imagen.

 

El objeto artístico sugiere al lector un estimulo, que lo lleva a tomar una posición en relación con su necesidad de consumo educando su actitud en la forma de consumir, disponiéndolo finalmente al arte, transformándolo de un sujeto tosco a un sujeto que se afina en la belleza para lograr leer el arte. Creando un publico que responde a su energía.

 

La necesidad de relacionarse con el objeto, sentida por el consumo, es reproducida cada vez a la percepción del objeto, disponiéndonos nuevas situaciones, obligándonos a re-producirlo. “la producción produce, pues, el consumo, 1) creando el material de este; 2) determinando el modo de consumo; 3) provocando en el consumidor la necesidad de productos que ella ha creado originariamente como objetos”. (Marx. Elementos Fundamentales Para La Crítica De La Economía Política, Borradores.)

 

El contacto con el objeto artístico, a su simple roce obliga a la atención, a la disposición física para la sensación, no se limita a un mirar vacío; nos obliga a detenernos y abarcar la inmensidad de la fuerza existente en la figura, en el sonido; “el objeto de arte – de igual modo que cualquier producto- crea un publico sensible al arte, capaz de goce estético. De modo que la producción no solamente produce un objeto para el objeto”. (ibid)

El TOQUE es ya un acto en el que el lector invadido poco a poco por el lenguaje artístico es educado para ser un “buen” lector, para ser la crisálida que se acerca a la llama a pesar de tener un ala quemada y se dispone a volatilizarse en el fuego de la sensación. El deseo es tan grande que volvemos al universo!

Oh, no tener alas para salir volando de la tierra y perseguirlo sin cesar en su carrera!
en la radiación del sonido, vería, eternamente,
el mundo silencioso plegado a mis pies.
pero un impulso nuevo despierta en mi
me lanzo cada vez mas lejos para beber de su luz eterna”. (Goethe, Fausto)
El objeto artístico nos crea la necesidad de él.

 

El tejido hecho en el placer tiene su vida en el placer mismo y lo que proporciona es goce.
Toca la sensibilidad, no pretende explicar ni hacer comprender, solo es la exaltación de la sensación encaminada en la forma, al desarrollo de la emoción.

 

Somos la polilla ante la llama de las llamas, ante nuestro destino enceguecido de luz. Es esta nuestra actitud en la energía del objeto artístico...

 

Desde el primer despertar de mi conciencia deseaba ir hacia vos. Solo con vos soñaba cuando fui crisálida. Frecuentemente miriadas de mis semejantes morían volando hacia algún débil resplandor que emanaba de tu cuerpo. Una hora todavía y se habrá terminado mi frágil existencia. Pero mi ultimo esfuerzo, así como mi primer deseo, tendrá como único fin aproximarme a tu gloria. Entonces, habiéndote entrevisto en un instante de éxtasis, moriré contenta, ya que, por una vez, habré contemplado en su esplendor perfecto la fuente de belleza de calor y de vida”. (Bachelard, La Llama De Una Vela)

 

Solo acercándonos a su cuerpo luminoso y dejándonos arrastrar fascinados por su movimiento, nos consumimos en el incendio del que somos parte, en el trabajo en el que dejamos de ser fragmento, para formar el canto báquico que en la palabra nos transforma en el cuerpo llameante del universo, porque en el lenguaje, sentimos el goce de la apariencia, en él somos redimidos del dolor de la existencia y con él mágicamente nos fundimos, descubriéndosenos en el velo, la fuerza que corre imponente en nuestro cuerpo: la fuerza del universo.

 

El organismo que nace en el artista y que se mantiene en el juego alcanzando su supervivencia en los trabajos de lectura, alcanza la expansión de su poder representativo en el acto de consumo. “...el consumo crea crea el impulso de la producción y crea igualmente el objeto que actúa en la producción...” (Marx, Elementos Fundamentales Para La Critica De La Economía Política, Borradores)
Trabajo de lectura, de critica, en el cual el texto se supera y se muestra en todo su movimiento.

 

El consumo produce la producción se dos maneras: 1) en cuanto el producto se hace realmente producto solo en el consumo... a diferencia del simple objeto natural, el producto se afirma como producto, se convierte en producto, solo en el consumo. Disolviendo el producto, el consumo le da el finishing estroke; pues el (resultado) de la producción es producto no en cuento objetivada, sino solo como objeto para el sujeto actuante; 2) en cuanto el consumo crea la necesidad de una nueva producción...” (ibid)

 

La tarea de lectura es el acto en el que disolvemos el objeto adquiriendo la forma de la luz para la cual estamos destinados, es la llama que tiene que iluminar pero que solo adquiere esa vitalidad en la relación que establece el sujeto que puede en ella iluminarse y presentarla en una nueva forma. Ilumina, porque nosotros encendemos la posibilidad de su llama. Es el pivote que “dormido” espera y conforma el ambiente en el que se quemará.

 

Así, la realidad del texto se construye en el acto de lectura y ésta acción crea la necesidad de una nueva creación. La producción, la reproducción y el consumo son uno en el acto de critica del lector que se constituye gracias a la obra de arte.

 

El comportamiento frente al objeto artístico esta determinado por la forma de constitución de la obra de arte, no esta determinado por un “orden social” que nos presenta la “obra” estática, el “orden” implica que al leer tenemos que limitarnos a ver lo que se quiere que veamos, olvidando que las reglas no las pone la sociedad sino la obra misma en su forma. Ese “orden” representa el manejo que ideologicamente se realiza sobre los objetos para que estos pierdan su poder transformador. Se trata entonces de invadir al sujeto para que en el momento en que se relacione con el objeto, no pueda decir sino lo que a él ya le han dicho que diga. La debilidad que muestra el sujeto frente al poder de la sociedad es el síntoma que refleja la falta de desarrollo de la sensación, la falta de acrecentamiento del poder; esta pretensión, esta presión que distancia al sujeto del objeto impide su despliegue, limita la expresión y por consiguiente, el contacto con la realidad de la forma bella, del objeto artístico.

 

Ese distanciamiento deteriora lo que el cuerpo siente y hace olvidar aquello que permite la formación del lector: La transformación de la conciencia en la sensación que produce la belleza.
El texto se expresa en el acto de lectura, transformándose en la fuerza que libera al cuerpo, que desata la capacidad potencializada de poetizar e imaginar.

 

El trabajo de lectura crea trazos diferentes, traducciones infinitas del texto originario, a partir de lo que él sugiere; este movimiento donde nos exponemos, en el que revelamos nuestros prejuicios, y los superamos al dejarnos conmover fuertemente por el texto, creando trazos diferentes a él y que se presentan en el trabajo bajo una nueva forma.

 

En este movimiento tratamos de expresar con nuestras palabras la sensación que produce éste ejercicio de recreación del texto, en él somos uno, somos diferentes expresiones que en el lenguaje nos unificamos. La lectura es pues la manifestación de la sensación que nos produce un conjunto lingüístico en el acto de reproducir la forma, de recrearla, de reconstruirla, después de haberla sometido a la desctructuración para poder habitarla; ejercicio en el que entregamos nuestra relación con el texto y entre “lineas” lo manifestamos en formas nuevas; le vemos en movimiento. La lectura es al unisono escritura, la traducción de una forma a otra, es el momento en que nosotros somos los interpretes del texto, es decir, los creadores que en el acto de interpretación volvemos a la "vida" la melodía que en él se encuentra.

En la lectura escribimos el texto nuevamente, lo traducimos, lo hacemos accesible a nuestra sensibilidad en una forma nueva que nos ha sido sugerida en la relación con él; este nuevo modo de expresarlo, de representarlo, en el cual nunca copiamos el texto, nunca vemos en los trazos lo mismo, siempre lo encontramos nuevo, es producto de nosotros que estamos en movimiento sin encontrarnos en un solo estado, siempre regresamos a él dispuestos a expresarnos en el lenguaje. En el contacto con el texto artístico, nace la exigencia de nuevas creaciones. El lector se transforma en el vivificador del arte, con su trabajo de critica, de destructuración y construcción, de lectura-escritura, en la que se traduce el texto, se expresa de una forma nueva y deliciosa su impresión, construye formas nuevas que el artista utiliza para su creación, el critico, el lector, transforma el lenguaje en el que se comunica a un nuevo, ya que al leer esta creando en su idioma una nueva estructura un nuevo comportamiento de la forma, que expresa el alma del artista originario; el idioma extranjero de la obra, es una manifestación diferente en el lenguaje, La escultura, la poesía, la música... son lenguas que tocan al idioma “propio” y lo transforman en el trabajo.

 

Las formas en las que el artista se expresa han sido generadas, ahora sugeridas por el critico lector, él moviliza el lenguaje y mantiene en una época la energía de un texto que fue creado en otra. El texto surge como efecto del trabajo en el que el critico toma la huella adormecida transformándola al sonido del arpa rozada por el viento, en él la apariencia es la única verdad en la que se mantiene la fluidez del lenguaje, es en la contemplación y vivificación de la obra que el texto se regenera como efecto del ejercicio critico de lectura.

 

El genio sabe algo acerca de la esencia eterna del arte tan solo en la medida en que, su acto de procreación artística, se fusiona con aquel artista primordial del mundo; pues cuando se halla en aquel estado es, de manera maravillosa, igual que la desazonante imagen del cuento, que puede dar la vuelta a los ojos y mirarse así misma, ahora él es a la vez sujeto y objeto, a la vez poeta, actor y espectador.” (Nietzsche, El Origen De La Tragedia)

En el trabajo de lectura nos construimos quemando el alimento procurando satisfacer nuestra hambre de fuego, somos uno, somos la llama que para mantenerse viva arde y se quema, expresando las luchas que hay que sostener para mantenerla unida, en el texto.